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Tomar o dar antibióticos a un niño cuando no está indicado no solo NO es bueno sino puede causar más daño que beneficio.

¿Por qué? Los antibióticos son medicamentos para tratar infecciones causadas por bacterias, no los virus que causan la gran mayoría de las infecciones de los niños.

Veamos algunos problemas o enfermedades de los niños que generalmente NO necesitan antibióticos:

La fiebre

NO es una enfermedad, un niño o una persona nunca está «enferma de fiebre».

A pesar de esto la mencionamos aquí pues existe la creencia popular muy difundida que cuando un niño tiene fiebre o esta es muy alta, es bueno darle un antibiótico e incluso inyectarlo.

NO, la fiebre es un síntoma de una enfermedad, la inmensa mayoría de virales, frecuentemente afecciones respiratorias, que requieren manejo básico y observación pero no un antibiótico de entrada y causarle así más daño al niño que mejoría.

La diarrea

La diarrea habitualmente es causada por un virus o una intolerancia alimentaria. A mí me gusta explicar que las diarreas son una especie de resfriado digestivo que dura unos días y la inmensa mayoría de veces se autolimita. Incluso la mayoría de las diarreas causadas por bacterias se curan solas en pocos días.

El tratamiento de la diarrea es hidratación con suero oral y una dieta habitual evitando, eso si, comidas de fuera de la casa y superfluas como chucherías, galletas, gelatina,… respetando sin forzar la inapetencia pasajera del niño que rápidamente mejora.

Solo en algunos casos muy concretos (habitualmente diarreas graves en los que el paciente está hospitalizado y se ha hecho un cultivo de materia fecal) es conveniente usar un antibiótico. En los demás casos, los antibióticos son inútiles, perjudiciales y peligrosos.

El resfriado

El resfriado común o catarro (mocos y tos, con o sin fiebre) es debido a un virus. Realmente por múltiples virus y por eso, mientras la influenza (con síntomas fuertes) da una o algunas veces al año, por «estaciones o temporadas, podemos resfriarnos o acatarrarnos muchas veces. Los niños pequeños, como aun tienen su organismo «verde», con frecuencia se acatarran (hasta 6-8 veces al año) especialmente al ingresar al jardín infantil cuando se ponen en contacto con más niños. 

Reitero, el resfriado (aquí la llamamos gripa) NO es lo mismo que la influenza (llamada gripe – con «e»- en otros países) contra la que recomendamos vacunar anualmente. La vacuna contra la influenza NO protege contra los resfriados o catarros, aunque confundimos esto con frecuencia. De ahí la queja tan extendida, “me vacuné de la influenza, pero me ha dado gripa igual”.

Como aclaramos, la vacuna de la influenza no evita el resfriado, ni tampoco los produce,… lo que pasa es que habitualmente vacunamos empezando algún brote de la temporada que da influenza (hacia abril en países como Colombia) y algunos niños o personas están incubando un proceso o hacen parte de un porcentaje que no queda del todo protegido.

Los antibióticos no hacen nada en el resfriado (ni a la influenza); ni lo acortan, lo alivian o evitan posibles (y raras) complicaciones.

Algo muy importante de saber es que el moco verde es normal en un resfriado. Los mocos suelen ir cambiando de color a lo largo del proceso: transparentes-blancos-amarillos-verdes y NO por esto hay que tratarlo con antibióticos.

La faringitis y la amigdalitis

La mayor parte de las faringitis (que dan dolor de garganta) son virales y por lo tanto NO hay que tomar antibióticos. Igualmente las amigdalitis en los niños pequeños también pueden ser por virus.

Tener una secreción en las amígdalas o que éstas estén grandes NO necesariamente indica infección bacteriana que necesite antibióticos. Es más, en casi todas las infecciones de las vías respiratorias, las amígdalas están grandes y congestionadas pues la garganta es la puerta de entrada de los infecciones y las amígdalas son una especie de retenes de seguridad que atrapan los virus para defender al niño y evitar el progreso a problemas mayores.

En las amigdalitis bacterianas (por estreptococo) que generalmente ocurren en niños más grandes (escolares), el antibiótico no se da para curar la enfermedad (que se cura sola, y el tratamiento apenas apenas acorta un poco el proceso), sino para evitar posibles (y muy raras) complicaciones, como la fiebre reumática con afección cardíaca o la glomerulonefritis (afectación del riñón).

Hoy en día se recomienda hacer un frotis de la garganta (cultivo de una muestra) para detectar la bacteria antes de dar antibióticos. Y, como dijimos,  cuando el niño tiene tos, mocos, ronquera, inclusos placas o secreción, y tiene menos de tres años, ni siquiera hay que hacer un frotis: son virus, y no hace falta tratamiento.

La tos y la bronquitis

Hablemos de la tos, que tanto preocupa a la familia. Igual que la fiebre, la tos es un síntoma NO una enfermedad e incluso se puede decir que es importante para defender al niño y evitar el acúmulo de secreciones.

Frecuentemente la tos acompaña las infecciones respiratorias vírales de la niñez y algunas veces es duradera (1-2 semanas), lo cual no significa que requiera antibióticos, incluso cuando hay afección bronquial. Para indicarlos debemos evaluar otros parámetros como el compromiso del estado general, la persistencia de la fiebre por más de 3-5 días, si hay dificultad respiratoria y alteraciones a la auscultación. Solo un pediatra debe decidir sin da o no antibióticos, no en la farmacia.

¡Ah! y algo importante. No hay remedios efectivos para la tos, y los jarabes que se ofrecen para esto pueden ser contraproducentes y no recomendados especialmente en menores de dos (2) años. Muchas veces la tos mejora con buena higiene nasal (NO necesariamente chorros agresivos de suero que se han puesto de moda) que facilite respirar por la nariz, y además una buena hidratación.

La otitis

La causa de muchas infecciones del oído son virus y no requieren antibióticos. Por lo menos la mitad de todas las infecciones del oído se curan sin antibióticos e incluso las otitis, aunque sean bacterianas, se curan solas en pocos días. Los antibióticos apenas aceleran un poco en proceso, por lo que hoy en día se reservan para los niños menores de dos años o para los que llevan varios días con fiebre.

Y, ¡ojo!, los medicamentos de venta libre para los resfriados (descongestionantes y antihistamínicos) no ayudan a curar las infecciones del oído y no son recomendables para los niños pequeños. Las gotas para los oídos pueden ayudar a aliviar el dolor de oído por un corto tiempo, pero debe siempre consultar con el médico antes de usarlas.


Conclusiones:

Como podemos ver esta media docena, seis (6) enfermedades o problemas, son la causa de la inmensa mayoría de afecciones de los niños y lógicamente de angustias y de consulta de los padres. Generalmente se curan solas, con recomendaciones generales, acetaminofén o ibuprofeno para el malestar y buena hidratación, y MUY POCA veces requieren antibióticos que no alivian, hacen más daño que beneficio, aumentan sus gastos y facilitan el crecimiento posterior de bacterias multirresistentes que podrían dar origen a infecciones graves y difíciles de tratar.

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Nota: artículo en el que se tuvieron en cuenta algunas notas aparecidas en https://www.serpadres.es y en https://www.healthychildren.org/Spanish/Paginas/default.aspx